Artículo publicado el 12/06/2006 Ultima actualización el 12/06/2006 20:00 TU
La selección de Estados Unidos participa por quinta vez consecutiva en la fase final de un mundial de fútbol. Pero su debut ante la República Checa hace temer que el fútbol no haya llegado todavía a su madurez en el país del "football" americano y del beisbol. El contundente tres a cero es la más amplia diferencia de goles al cabo de once partidos.
El centrodelantero checo Jan Koller no es en vano el más alto de los jugadores presentes en Alemania. Desde lo alto de sus dos metros y dos centímetros no tuvo ninguna dificultad para marcar un gol de cabeza en su primer contacto con el balón. Más tarde Koller debió abandonar el campo por lesión dejando el papel de héroe de la noche al volante Tomas Rosicky, autor de dos goles inapelables. Los dirigidos por Karel Bruckner, exaltado y gesticulador al borde del campo, mostraron formar un equipo compacto en el que cada jugador cumple un plan diseñado con rigor. Frente a ellos, el equipo estadounidense evidenció cierto candor y una notoria falta de imaginación para reaccionar ante la adversidad. Sin embargo el entrenador Bruce Arena pudo disponer de todos sus titulares. Entre ellos figuran dos descendientes de argentinos: el capitán Claudio Reyna y el zaguero Pablo Mastroeni. Por ahora Estados Unidos es futbolísticamente, según la expresión del especialista de Geopolítica Pascal Boniface, "un enano".
Otro equipo anglosajón tuvo mejor suerte: Australia logró reaccionar ante un marcador adverso y terminó derrotando a Japón por tres goles a uno.
Por Fernando Carvallo
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