Artículo publicado el 13/06/2006 Ultima actualización el 13/06/2006 10:58 TU
Tras la decepción de 2002, Francia vuelve al Mundial con ilusiones renovadas en un equipo algo envejecido. Si el entusiasmo de las viejas glorias -Zidane, Vieira, Thuram- parece decaer, el fútbol francés encontró un nuevo símbolo en el joven Franck Ribery, recién llegado a la selección donde en pocos días se convirtió, gracias a su entusiasmo y a su humildad, en el jugador más aclamado. Respondiendo a los sondeos, que pedían mayoritariamente su titularización, Raymond Domenech lo puso en el once de salida contra Suiza.
Es una suerte que en Francia el martes 13 no suscite las mismas inquietudes que en el mundo hispánico. Porque este martes 13 de junio, la selección francesa no solo afronta su debut contra Suiza en el Mundial alemán. Tras sus éxitos en el Mundial 98 y en la Eurocopa 2000, los franceses sufrieron estrepitosos fracasos en esas mismas competiciones en 2002 y 2004. Hoy jugarán también un decisivo partido contra sí mismos.
Para Francia, el Mundial, y las grandes competiciones futbolísticas en general, son un poco su invento. Fue un francés, Robert Guérin, quien presidió la FIFA en 1904, inmediatamente después de su fundación, en París. Otro presidente francés de la FIFA, Jules Rimet, creó el Mundial de fútbol, cuya Copa llevó su nombre hasta 1970. Fueron también franceses quienes fundaron la Unión europea de fútbol y las copas europeas. Francés también, el Balón de oro. Sin embargo, esta capacidad para organizar y enmarcar un deporte inventado por los ingleses no se tradujo en éxitos deportivos comparables. Francia ganó su primer y único mundial en 1998, su primera y única copa europea de clubes en 1993.
Consciente de su fuerza, pero también de su fragilidad, Francia llega al Mundial alemán con ganas de vibrar como a fines de los 90, pero también con el temor de recaer en el anonimato. La falta de un estilo de juego claro y ambicioso preocupa tanto como la arrogancia de su técnico Raymond Domenech, convencido de que basta con repetir que Francia estará en la cita del 9 de julio para que ésto se cumpla. También preocupa el cansancio evidente de Zinedine Zidane y la baja forma de otras figuras, en particular Patrick Vieira.
En este contexto relativamente preocupante, Francia se inventó un héroe: Frank Ribéry. En contraste con las estrellas internacionales de la selección, Ribéry no oculta su origen humilde ni su cara duramente marcada por un accidente cuando era niño. Puro coraje y entusiasmo, Ribéry, que ni siquiera jugó un partido entero con la selección, encarna la esperanza y la virtud en un equipo que quiere volver a creer. Su titularización hoy es motivo de esperanza para la Francia futbolera. Símbolo de un equipo que quiere volver a ganar.
Por Alejandro Valente
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Soy muy feliz. Espero que lo vamos a pasar muy bien.
13/06/2006
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