Artículo publicado el 18/06/2006 Ultima actualización el 18/06/2006 19:18 TU
Después del triste empate inaugural con Suiza, se multiplicaron las voces que reclamaban un cambio en el esquema táctico y en la actitud mental de la selección francesa. La rápida eliminación del campeonato mundial 2002 y la fragilidad mostrada en los partidos eliminatorios nunca dejaron de oscurecer el horizonte. El entrenador prefirió mantener sus opciones y evitar el riesgo. El resultado es un nuevo empate contra Corea del Sur y la necesidad de vencer a Togo para salvar el honor y pasar a los octavos.
Un gol tempranero de Thierry Henry hubiera podido abrir el camino a una victoria amplia y a la recuperación de la confianza. Pero en vez de mantener la presión ofensiva, la selección francesa pareció conformarse con una victoria mínima. El partido se convirtió en una aburrida sucesión de pases perdidos, de confusas combinaciones sin proyección y de tiros sin vocación de gol. Un cabezazo de Vieira hubiera podido cambiar el destino del partido pero el árbitro mexicano no concedió el gol. El segundo tiempo prolongó el calvario de los aficionados al juego brillante y puso en evidencia las deficiencias físicas de la selección francesa, cuyo promedio de edad es el más alto del actual campeonato mundial. El capitán Zinedine Zidane perdió más de la mitad de los balones que recibió y para agravar su naufragio recibió una segunda tarjeta amarilla que le impedirá participar en el próximo partido. El entrenador Raymond Domenech se decidió tardíamente a dar nuevos aires a su equipo e hizo entrar a Ribery y Dhorasoo. Corea empató por intermedió del movedizo Park Ji-Sung, quien remató un rechazo del arquero Barthez. En el tiempo adicional entró finalmente Trezeguet, quien llevó durante dos minutos el brazalete de capitán pero no llegó a tocar la redonda.
Por Fernando Carvallo (con Mauricio Latorre, enviado especial de RFI a Alemania).
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