Artículo publicado el 25/06/2006 Ultima actualización el 25/06/2006 21:04 TU
Mientras pudo, Portugal mostró que es superior a la actual selección holandesa. El entrenador brasileño Luiz Felipe Scolari ha logrado formar un equipo coherente al servicio de una delantera ávida de goles y de las emociones que aporta la cercanía de la valla rival. Pero el partido fue desestabilizado por la violencia y las jugadas antideportivas ante la indolencia y la ineptitud del árbitro.
Mucho se ha comentado sobre los errores de los árbitros mientras se multiplican las voces que reclaman el recurso a grabaciones de videos. Pero puede ser todavía peor lo que un árbitro deja de hacer, sobre todo si se trata de ejercer su autoridad y de evitar que desaparezca por completo el respeto al juego limpio y a la integridad del rival. Y eso es lo que sucedió entre portugueses y holandeses. El árbitro ruso Valentin Ivanov reaccionó tarde y mal. Al final se ha hecho merecedor a un triste récord, el de cuatro expulsados y dieciséis tarjetas amarillas. Y sin embargo el partido había comenzado bajo los mejores auspicios, con un Portugal conducido por Figo y Deco, cuyos pases hallaban en Pauleta y Cristiano Ronaldo atacantes veloces y decididos. El único gol del partido fue marcado por Maniche a los 23 minutos, cuando parecía que los jóvenes holandeses partirían al ataque para evitar que se repita la triste eliminación de la última Eurocopa. Después de la expulsión de Costinha, los dirigidos por Scolari se prepararon para una defensa numantina, que la tarjeta roja de Deco confirmó. Los dos equipos terminaron jugando con nueve, lo que no impidió una presión mantenida en ambos campos. Cuando Ivanov silbó la pitada final, Portugal celebró una victoria en el dolor y comenzó a contar sus heridos.
Por Fernando Carvallo
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