por Auxilio Alcantar
Artículo publicado el 01/10/2009 Ultima reactualización 01/10/2009 07:52 TU
Tras sentar las bases de una economía socialista, la prioridad de Mao fue la industria pesada. "Se necesitan cereales pero también acero", decía. Cacerolas, herramientas, chapas de puerta, todo se fundía con la idea de producir cada vez más.
Para logar su faraónico proyecto, el Gobierno no dudó en poner en marcha un sistema de “terror”, a decir del periodista británico Philip Short, corresponsal en Pekín durante más de 20 años.
Los ancianos fueron reagrupados en “Casas de la felicidad”, los niños enviados a internados y el trabajo descomunal de los adultos totalmente controlado por militares, altavoces, reflectores.
La gente que protestaba era estigmatizada. La campaña anti revolucionaria habría dejado 710.000 muertos, ejecutados o empujados al suicidio. “El método del Gobierno era designar al enemigo, movilizar las masas y llevar a la gente a la delación”, escribe Short en su biografía de Mao.
La gente trabajaba de forma vertiginosa y algunas veces desatinada. El suelo terminó erosionando a fuerza de ser trabajado con plantaciones permanentes y excavaciones muy hondas. Vino también una terrible sequía. China vivió la mayor hambruna del siglo XX. Por lo menos 20 millones de personas habrían muerto, algunos analistas hablan de 40 millones de víctimas.
La fallida estrategia de Mao creó fisuras en el seno del Partido Comunista chino y severas críticas a nivel internacional. Pekín fue hacia un progresivo aislamiento, enfrentándose incluso con su princial aliado, la Unión Soviética.
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17/02/2010 11:12 TU
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