por Hernán Rivera Mejía
Artículo publicado el 06/11/2009 Ultima reactualización 16/11/2009 11:59 TU
“Descubrí lo libros en mi barrio en Barranquilla. Estuve leyendo y leyendo sin saber todavía que iba a ser escritor. Sólo por la alegría de leer. Un profesor me estimuló para que escribiera”, recuerda Julio Olaciregui, escritor colombiano nacido en dicha ciudad en 1951. Sin embargo, al elegir estudios superiores decidió inscribirse en ingeniería, “una carrera con la que se podía ganar dinero”, dice. Pero llegaron los agitados años setenta y la lectura de Onetti, Rulfo y los escritores del llamado boom, y Olaciregui decidió trasladarse a sociología. Fue en ese mismo momento que empezó a trabajar para el noticiero de una radio local y luego para el diario El Heraldo. Desde entonces se ha dedicado siempre al periodismo en paralelo con la literatura. Y en París, donde vive desde 1978, trabaja en la Agencia France Presse.
La revelación de su vocación por la literatura se produjo precisamente en la capital francesa. “No era la idea de ser famoso ni rico ni nada así, sino la alegría de escribir y sacar libros”, explica el autor de las novelas Los domingos de Charito, Trapos al sol y Dionea. “Aquí no hay ninguna vergüenza en que te declares artista, pintor o escritor. Lo puedes decir porque hay miles de personas acá que también lo hacen, con diferentes resultados”, agrega.
De Flaubert ha tomado Julio Olaciregui la frase que es el lema que guía su vida: “lo importante es la ilusión”. Sin embargo, él añade que para hacer realidad la ilusión es imprescindible tener tiempo libre. Tiempo que utiliza, por cierto, en escribir pero también en ocuparse de sus hijos y dedicarse a otras aficiones como el teatro, el cine, la pintura y la danza. Esta última disciplina artística lo ha llevado a descubrir África y a recuperar su memoria corporal y musical: "el aporte africano es una resistencia cultural y de allí vengo yo tras una mezcla con indígenas y con vascos. Ése es mi mestizaje y en eso estoy trabajando".
Este novelista y poeta que confiesa que a veces escribe demasiado, trata que su prosa se parezca a su modo de hablar. “En la literatura me gusta el sonido de lo oral, que está en Rulfo, por ejemplo, y en la novela cubana Cecilia Valdés, muy bella y escrita en lenguaje cubano”, explica.
Julio Olaciregui vive entre dos aguas desde hace más de treinta años. Es francés por naturalización pero sigue siendo colombiano. “El hecho de tener la nacionalidad francesa me ha liberado del peso de la historia colombiana. Yo no tengo ningún orgullo de ser francés ni de ser colombiano. Uno se alegra con cosas de allá pero también de acá y de otras partes”, concluye este escritor al que la revista latinoamericana de París Vericuetos ha dedicado un número íntegro.
Entrevistado: el escritor y periodista colombiano y francés Julio Olaciregui
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