por José Rosas
Artículo publicado el 11/05/2009 Ultima reactualización 11/05/2009 15:54 TU
“El cine es bromuro de plata que está en la película. La imagen brilla, es una joya. Cada imagen, cada cuadro es hermoso porque es una joya”. Con estas palabras declara su amor por el séptimo arte el realizador ecuatoriano Mateo Herrera, ganador en 2009 del gran premio Coup de Coeur en la 21a edición de los Encuentros del Cine de América Latina de Toulouse, en el sur de Francia por Impulso, su cuarta película. “El cine me ha dado todo. Soy tan feliz haciendo mis peliculitas artesanales. Es mi manera de vivir en este mundo”, agrega el realizador.
Nacido en Quito en 1973 Mateo Herrera siempre supo que quería hacer cine, desde niño. Su madre es cinéfila y de ella heredó el amor por las imágenes en movimiento. Como en Ecuador no existía una escuela adecuada, se fue a Chile y estudió en el Instituto Audiovisual Arcos. “Allí descubrí el mundo”, dice este realizador cuya ópera prima, Alegría de una vez (2001), presenta a un adolescente que, como él, rechaza el sistema educativo existente. En 2003 Mateo Herrera presentó Jaque, un filme experimental. “Es una película que se fue contando sola. La filmé como Herzog, sin guión. Descubrí la belleza de lo cotidiano”, explica quien fuera el editor de Ratas, ratones y rateros, la película de Sebastián Cordero que marca el nacimiento del cine ecuatoriano de hoy. La tercera película de Mateo Herrera es un documental titulado El comité (2005) filmado en la cárcel de Quito con el apoyo de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO). “Tenía miedo al mundo de la cárcel pero descubrí un universo increíble, del que nadie habla, y valía la pena ir a trabajar allí. Me tomó más de un año. Nuestro objetivo era ver los juegos de poder en el interior de la cárcel”, precisa el autor de este documental premiado en el Festival Internacional del Documental (FID) de Marsella. Durante la filmación ocurrió un motín y el realizador y su equipo tuvieron que plantearse el lado ético de su trabajo. Finalmente, “la presencia de la cámara fue importantísima para que fuera un motín pacífico. No hubo muertos en ése mientras que en uno anterior hubo 18”, subraya Herrera.
Impulso, la película premiada en los Encuentros de Toulouse, es muy diferente a las anteriores por sus tintes fantásticos, su bellísima fotografía en blanco y negro y el meticuloso trabajo del sonido. Tiene, sin embargo, puntos en común como son el viaje de la protagonista de Quito hacia el campo y la problemática del abandono: “Ecuador es un país que abandona a su gente. Por eso mucha gente quiere emigrar. Yo como cineasta siento eso.” Mateo Herrera expresa estar muy contento por la situación actual del cine ecuatoriano: cada vez hay más cineastas y un público que se interesa en lo que hacen, se ha dado una Ley del Cine y se ha creado un Consejo Nacional de Cinematografía. No obstante, él se reafirma en su línea creativa: “Yo sigo en la búsqueda, en la experimentación. Yo he encontrado una manera de hacer cine pero me encanta la posibilidad de reinventarme como cineasta. A mis películas, aunque son diferentes, algo los une: temas recurrentes, tipos de actuación, y además, en todas estoy yo presente".
Entrevistado: Mateo Herrera, cineasta ecuatoriano, ganador del gran premio Coup de coeur en los Encuentros del Cine de América Latina de Toulouse de 2009.
Realización: Pilar Pérez
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